Muchas veces sin darnos cuenta nos
sentimos más grandes que
papá o mamá y solo reflexionando al
respecto nos vamos dando cuenta.
Nos sentimos más grandes cuando
creemos que ellos se equivocaron, que debieron ser o actuar de otra
manera. Y si, podemos tener razón. Sin embargo, lo que nos pone en nuestro
lugar de hijo es decirles en nuestro corazón. “Los tomo tal cual son y lo que
me dieron fue suficiente, del resto me ocupo yo”
Al decir además “los llevo en mi
corazón” me pongo en mi lugar de hijo/a
y es así que puedo tomar la fuerza masculina del padre y la fuerza femenina de
la madre.
Mientras permanecemos en el reclamo
visible o inconsciente, seguimos siendo niños que esperan a unos padres que no
fueron como fueron. Solo el niño
reclama. Así quedamos estancados en la vIda;
estamos en el reclamo, en la posición de víctima. El adulto se hace cargo, se responsabiliza y actúa
en el presente.
Cuando sentimos que nada cambia
aunque lo hayamos comprendido es que no hemos dicho en el corazón “así fue y
fue suficiente”. Es empezar a decirle
si a la vida tal como fue con total asentimiento y gratitud que la vida nos
vino a través de ellos.
Al ocupar nuestro lugar de hijo/a
algo se ordena y aparece nuestra verdadera fuerza y nos abrimos a vivir desde nuestro mayor
potencial. .

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