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viernes, 14 de noviembre de 2025

"Tus huesos, el hierro de tu sangre nacieron en el nucleo de las estrellas"

 


"Tus huesos, el hierro de tu sangre nacieron en el nucleo de las estrellas"  Es  manera científica de decir lo que decía Shakespeare “Estamos hechos de polvo de estrellas”

Esta frase es un extracto de una charla “Pasión por el universo” del Hay Festival de Arequipa dada por Carla Arce Tord, astrofísica peruana, dedicada a la investigación y difusión de los avances y descubrimientos de la astrofísica.

Participar del Hay Festival fue una gratísima experiencia.   La diversidad de temas, la presencia de escritores, filósofos, críticos, en un marco especial como es la ciudad de Arequipa.  También hubo varias exposiciones de arte muy buenas, que te las encontrabas en los espacios de las conferencias.  

Varios conversatorios interesantísimos y bien moderados, por ejemplo,  los homenajes a Vargas Llosa donde por testimonio de sus amigos conocimos otros aspectos de él.  El de Jeremias Gamboa con Hector Abad Faciolince sobre el libro de este último “Ahora y en la hora”, un libro excelente!  El de Iñigo Maneiro sobre el suyo “Saber escuchar el canto”   sobre su amplia experiencia con los awajun y su cosmovisión y su interaccion y sabiduría de los animales y arboles,  con la naturaleza en general.   Realmente fue difícil escoger a cual asistir y regresamos con la promesa de volver el próximo año.   Es verdadera la frase:  “El cuerpo regresa en avión y el alma a caballo."

sábado, 24 de julio de 2021

Arturo Pérez Reverte sobre las mujeres

Un lindo y bien escrito artículo sobre las mujeres 

 Arturo Pérez Reverte sobre las mujeres.

«Le respondí que allá él con sus mujeres, pero que uno
se honra con el trato de varias que son de armas tomar. Y que muchos nos negamos a aceptar que, por culpa del ridículo concepto medieval de la frágil dama como devocionario caballeresco, la mujer se perpetúe, en los relatos de ficción escrita o cinematográfica, reducida al papel de compañera o comparsa del viril protagonista [...] Y resulta que no. Que de virtudes masculinas y femeninas podríamos hablar un rato largo sin necesidad de irnos a Hollywood. Sin ir más lejos, esa mujer que madruga cada día y después de hacer la casa se va a la compra y vuelve para la comida y se sienta un rato a ver el culebrón y luego prepara la cena y deja, todavía, que el sábado el pariente le dé un asalto, es más dura de pelar, tiene más valor y más entereza que el animal de bellota que, en teoría, la mantiene. Hagan memoria. Nadie resiste como una mujer la enfermedad, o el sufrimiento propio o ajeno: cuida a los enfermos, se crece en la adversidad, pare hijos -y a veces los concibe- con dolor; y sobre lealtades y sentidos del deber podría dar lecciones a muchos maridos. En cuanto a hacer daño, cuando una mujer abre la navaja no es, como la mayor parte de los hombres, para montar bulla y que nos vean, sino para matar de verdad. En el otro extremo, enamorada, es capaz de amar con más entrega y pasión, y de hacer cosas, tomar decisiones, que los hombres, tan razonables y formales que somos, ni soñaríamos siquiera. No hay quien detenga una mujer -ni familia, ni marido, ni convenciones sociales- cuando decide liarse la manta a la cabeza; y como adversario, nada más corrosivo para nuestra fatua virilidad que el odio o el desprecio de una hembra inteligente. Pero, aparte de ser más consecuente y valerosa que los hombres, la mujer también es más culta. No se trata de más tiempo libre, como dicen algunos simples, sino de menos egocentrismo: curiosidad por el mundo exterior. La mujer posee mucha información global, porque ve más televisión, más cine. Lee más [...] Los hombres estamos demasiado ocupados haciendo números, tomando decisiones fundamentales, endureciendo el gesto ante el espejo, pobres desgraciados, alardeando de un temple que se derrumba en cuanto nos tocan la nómina o el estatus, mientras ellas parecen poseer una reserva secreta de entereza para sobreponerse, aunque caigan chuzos de punta. Échenle un vistazo a las estadísticas. Además de su presencia en otros sectores, las mujeres copan las carreras de humanidades, o al menos lo que va quedando de éstas. Así, en este final de siglo que termina de tan mala manera, en la confusión que caracteriza a esta especia de noche que se nos viene encima, tan fría como esos ordenadores que engendran los hombres con microchips en lugar de espermatozoides, las mujeres pueden terminar siendo para la cultura lo que los monjes medievales fueron en la trinchera de sus monasterios mientras el mundo se desplomaba alrededor. Y ésa será su venganza, su revancha histórica sobre nuestra estupidez y nuestra injustificada autocomplacencia. Virtudes masculinas, decía aquél. Permita que me ría, respondí. Ya quisiéramos nosotros, los hombres, poseer ciertas virtudes»
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